Artículo de Alberto Adrianzen
Junio 2, 2007
Disidencias. Más allá de Chávez y de Venezuela
Alberto Adrianzén Merino
www.albertoadrianzen.org
Quien tenga un mínimo de espíritu democrático sólo puede concluir que lo que viene sucediendo en Venezuela con los medios de comunicación refuerza una tendencia autoritaria. Suprimir o silenciar al adversario nunca es bueno porque atenta contra la propia voluntad popular. La idea de que un solo líder o un solo partido pueden representarla conduce a su propia negación. Por eso Rosa Luxemburgo, esa gran revolucionaria, definió a la democracia como el respeto a las minorías. Pensar que la democracia es únicamente el ejercicio de la mayoría es un error, porque no sólo conduce a lo que Tocqueville llamó la tiranía de las mayorías sino también porque impide el nacimiento de un Estado de Derecho que dé garantías a todos por igual.
Es cierto, como lo demuestra la historia, que todo proceso de cambio requiere un momento de estatalización. La construcción de una voluntad popular siempre está asociada al nacimiento de un Estado nacional que represente a todos. Incluso a los adversarios. La idea de que la dictadura (popular) es el mejor camino para cambiar una sociedad sólo conduce al fracaso. El reto para aquellos gobiernos que hoy pretenden cambiar un orden, a todas luces injusto y obsoleto (Ecuador, Bolivia, e incluso Venezuela), es cómo somos capaces de construir democracias (radicales) que le den y aseguren a todos y a cada uno de los ciudadanos un conjunto de derechos que un Estado y una democracia clasistas les niegan todos los días.
Por eso lo que viene sucediendo en Venezuela debe ser discutido con seriedad. Lejos de la mera propaganda y de aquellos que dicen defender la libertad de prensa pero que lo único que defienden, muchas veces, es la libertad de los propietarios. En realidad, libertad de prensa no es lo mismo ni es igual a libertad de expresión. Incluso, en este mundo, cada vez son más distintas y contradictorias. Tanto es así que hoy, bajo el argumento de defender la libertad de prensa (de unos cuantos), se les está expropiando a los ciudadanos su libertad de expresión e información. Así como algunos se apropian del trabajo ajeno, otros pocos hacen lo mismo con la palabra.
Ricardo López Dusil, director de la revista El Corresponsal de Medio Oriente y África, en la conferencia “El papel de los medios de prensa en el desarrollo de la tolerancia y la comprensión mutua”, señala lo siguiente: 1) EEUU, Japón y la Unión Europea controlan el 90% de la información y la comunicación de todo el planeta. 2) Sólo cinco agencias de prensa distribuyen el 96% de las noticias mundiales. 3) Desde hace 25 años, cuatro de cada cinco mensajes emitidos en el mundo provienen de los EEUU o de empresas de capital norteamericano. Actualmente, el 80% de los programas audiovisuales que se producen en el mundo (ya sea televisión, vídeo o cine) son norteamericanos. 4) EEUU controla el 71,5% de todos los programas de TV que se difunden en Europa y el 80% de las salas de cine. 5) De cada 100 palabras de información internacional que se difunden en América Latina, 90 provienen de cinco agencias de prensa internacionales (la norteamericana Associated Press, la británica Reuters, la francesa France Press, la española EFE y la italiana ANSA). Y de ese 90%, el 70% corresponde sólo a dos agencias: la norteamericana AP y la británica Reuters. 6) De las primeras 300 empresas internacionales de información y comunicación, 144 son norteamericanas, 80 son de la Unión Europea y 49 japonesas. Es decir que de las 300 empresas de información más importantes, 293 son de los EEEUU, de Europa o de Japón y sólo siete de otras naciones”.
El mismo autor afirma que: “En los EEUU, en 1945, ocho de cada diez diarios pertenecían a propietarios independientes; hoy, en cambio, el 85% depende de grandes grupos, que además se van fagocitando entre sí, por lo que son cada vez menos y al mismo tiempo más poderosos. En Europa la concentración es aún mayor, y a ella sólo sobreviven un reducido número de imperios mediáticos: Berlusconi, Bertelsmann, Mur-doch, Hachette, Hersant…”.
Y si bien es importante discutir el caso venezolano, también estamos en la obligación de discutir lo que viene sucediendo en otras partes del mundo. Porque solo ver una cara del problema y obviar la otra, no es el mejor camino para conquistar, para todos, las libertades de expresión y de prensa, y menos para construir democracias que nos representen a todos.
*Fuente: La República
*Los subrayados son mios






